Celebrando a Cristo

Ocupados en la Lectura
11 Mayo, 2013

Celebrando a Cristo

Cantad a Jehová, vosotros sus santos, y celebrad la memoria de su santidad. (Salmos 30:4)

Recientemente, leí que en un medio de comunicación, le preguntaron a un reconocido líder evangélico si no se aburría al asistir a tantos cultos y servicios religiosos. De lo que no me pude enterar fue el motivo que tuvieron al preguntarle a este líder algo tan personal, aunque dicha pregunta fue respondida convenientemente.

Cuestión esta, al igual que la respuesta que se le dio al que la hizo, y que no voy a transcribir aquí, que me hizo reflexionar sobre que habría contestado al ser yo el preguntado; creo que sin dudar hubiera respondido tajantemente: NUNCA.

Pero como me quedé meditando un poco más sobre el asunto, recordé que, me he aburrido, sobre todo al principio de congregarme; aunque después y en alguna que otra ocasión también lo he hecho.

Me acorde que cuando comencé a interesarme por las cosas del Señor, solía asistir a una iglesia, a la que no sabía el porqué, cada vez me venía más cuesta arriba mi asistencia a ella; pero un día en una peluquería de caballeros, (barbería) a la que fui a cortarme el pelo, coincidí con una joven señora que también había llevado a su hijo para un corte de pelo; Esta señora recientemente se había trasladado junto a su familia a vivir a nuestra ciudad y al ser la nuestra la única iglesia evangélica que había en ella, asistió a los cultos en un par de ocasiones, y al preguntarle cortésmente porque no había vuelto, me contestó: – Porque allí no hay vida – Me quedé tan confuso que lo único que acerté a contestarle fue: – Pues yo estoy vivo – A lo que me respondió: – No me entiendes – (la verdad es que no entendí lo que quiso decirme) Dándome a continuación la dirección de una iglesia que se congregaba en una ciudad distante 30 Km de la nuestra.

Intrigados mi esposa y yo, decidimos el domingo siguiente visitar a estos hermanos y participar en el correspondiente servicio dominical.

Al llegar, el salón de reuniones estaba a rebosar, y al no encontrar un asiento libre tuve que quedarme de pié cerca de la pared; cuando comenzó la alabanza mis piernas apenas me sostenían, teniendo que apoyarme en la pared para no deslizarme hasta el suelo. Ocurriéndole lo mismo a mi esposa, aunque ella que si que encontró acomodo, tuvo que agarrarse fuertemente a la silla donde estaba sentada, para no caer.

Sentimos lo que nunca antes habíamos sentido, y a pesar de que el culto duró mas del doble de lo que estábamos acostumbrados, no nos aburrimos, quedando con ganas de más.

El motivo (ahora lo sé) de lo que allí aconteció era muy simple, los asistentes que llenaban el salón mucho antes que comenzara el servicio, llegaban deseosos de alabar y glorificar el nombre de Dios, y hambrientos, por alimentarse de su Palabra; era un “dar para recibir”. Dar a Dios la gloria debida a su nombre y recibir su Palabra con gozo; Actitudes que unidas producen que la presencia de Dios sea inevitable, tal como lo esperaban los allí congregados y que nosotros lo pudimos comprobar por primera vez.(Salmos 66:8)

Entendiendo a partir de ahí, lo que quiso decirme la joven señora en la barbería.

Han pasado muchos años desde entonces y he visitado distintos y distantes lugares, donde aún no se conoce el significado de la palabra: VIDA, y esto a pesar de que se predique y se enseñe la Palabra de Dios. Incluso en iglesias en donde hay vida, algunos en el ámbito personal la desconocen; no sienten ningún deseo de estar con los hermanos, ni de alabar al Señor; tienen sus mentes divagando mientras se expone la Palabra de Dios, buscando cualquier excusa para no tener que congregarse, porque se aburren; y se aburren porque ni están dispuestos a darse al Señor, ni a recibir de Dios.

La conclusión es que hay cultos aburridos porque hay gente aburrida. 

Porque cuando se congrega un determinado número de gente “cristiana” desganada y desmotivada, no se puede esperar que el resultado sea otro que un aburrimiento generalizado. Y aunque algunos achaquen esta situación a “sus” pastores, que en ocasiones puede que sea verdad, todos, como cuerpo de Cristo, y no solo los pastores, somos responsables de la “vida” y del buen funcionamiento de la Iglesia. (1 Corintios 12:27)

La Biblia nos insta que cuando no congreguemos, vayamos en busca del Señor con alegría, y más, sabiendo como se nos ha dicho en muchas ocasiones, que el Señor habita entre las alabanzas de su pueblo; pero nosotros pretendemos que lo haga entre bostezos, juicios y quejas. (Hebreos 13:15)

Es con agradecimiento y alegría como nos debemos congregar; sin dejar de hacerlo cada vez que la iglesia como tal, lo programe; sobre todo el primer día de la semana, el domingo, para participar con los hermanos en la celebración de la resurrección de nuestro Señor Jesucristo; recordando siempre, que ese día está dedicado al Señor, y no a otras actividades, que muy bien las podemos realizar en otros días y fechas. Teniendo siempre en cuenta, según la Palabra de Dios, que actitud debemos tener al congregarnos:

Cantad alegres a Dios, habitantes de toda la tierra. Servid a Jehová con alegría; Venid ante su presencia con regocijo. Reconoced que Jehová es Dios; Él nos hizo, y no nosotros a nosotros mismos; Pueblo suyo somos, y ovejas de su prado. Entrad por sus puertas con acción de gracias, por sus atrios con alabanza; Alabadle, bendecid su nombre.
Porque Jehová es bueno; para siempre es su misericordia, y su verdad por todas las generaciones. 
(Salmos 100:1-5)

Si tomamos al pié de la letra lo que nos dice este salmo, cantando alegres a Dios, sirviéndole con alegría; yendo a su presencia con regocijo, reconociéndole como el único Dios verdadero; alabándole y bendiciendo su nombre, con toda seguridad, las cosas cambiarán; nuestros cultos dejarán de ser aburridos, y al haber cambiado nuestra actitud se notará la presencia del Señor, porque el Señor, como todos sabemos (insisto en ello) mora entre las alabanzas de su pueblo.